lunes, 23 de julio de 2012

Red Velvet Cake y Feliz Ramadán






Sí, el pasado viernes 20 de julio empezó el Ramadán, que como todo el mundo sabe es el mes de ayuno para los musulmanes. Sé que mucha gente ve este mes como algo raro, difícil y, sobre todo, como un sacrificio innecesario. Pero ¿cómo explicarlo para que no parezca una práctica alienígena?

El mes de Ramadán es en realidad como una fiesta “¿Una fiesta en la que no puedes comer, ni beber?” Sí, lo es. Es un mes en el que se supone que los musulmanes deben saber qué se siente al no tener nada que llevarse a la boca ni nada que beber hasta que se pone el sol. Además es un mes para reflexionar, agradecer y poner a prueba nuestra fuerza de voluntad.

Es cierto que cuando empieza a oscurecer, nosotros nos ponemos las botas, y también es cierto que un artículo que leí la semana pasada en El País  me dio que pensar, mejor dicho, lo que me hizo reflexionar fue un comentario que aparecía a pie de noticia. El titular rezaba: “Los médicos alertan del riesgo para los diabéticos de ayunar en Ramadán”:

“El ayuno representa un riesgo significativo para la salud de las personas con diabetes, pero a pesar de esto, muchas de ellas ayunan sin consultar con un médico y se pueden desarrollar complicaciones agudas”, afirma el doctor Wasin Hanif, especialista en diabetes y endocrinología en el Hospital Universitario de Birmingham, Reino Unido.

Supongo que este tipo de cosas son las que hacen que muchas personas no entiendan esta práctica, pero es que estoy totalmente de acuerdo con el doctor Hanif, el Ramadán no debe ser, ni es, un sacrificio que te cueste la salud. Ése no es el verdadero sentido de este mes. Pero, continuando con lo que quería decir, el comentario que más me escamó fue el siguiente:

"Luego por las noches se ponen morados, y por dia no rinden en el trabajo ya que me vas a contar en pleno julio trabajando sin comer ni beber nada no se como se puede hacer, ahhh si lo se no trabajando, para eso estamos los demas para pagarles las ayudas" (beamonteses).

El tono agrio no es nada nuevo  (ni las faltas de ortografía en personas que tienen este tipo de ideas), pero sí que es cierto que por las noches nos ponemos morados. No debería ser así, aunque lo importante es sentir mientras ayunas el hambre y, sobre todo con este calor, la sed. Cuando cae el sol es cuando realmente te paras a pensar, cuando ves que tienes una mesa llena de distintos platos mientras hay gente ahí fuera que durante todo el año ‘ayuna’ aunque la puesta de sol no vaya a suponer ninguna tregua para sus estómagos. Por eso antes de que acabe el mes, unos tres días antes, es obligatorio, para todo aquel que pueda, dar la fitra  o limosna. Esto puede traducirse en ir a la carnicería y comprar carne para el vecino que sabes que las está pasando ‘canutas’; o pensar en dar a esa señora a la que ves por las mañanas cuando vas a trabajar pidiendo en la puerta de un supermercado; o en aquel amigo/a que sabes que no se atreve a decirte que necesita de ti porque no tiene para llegar a fin de mes… En fin, son muchas las situaciones y muchas las personas a las que se puede ayudar. Por eso este mes me gusta.

Pero también está la sensación de fiesta, como en Navidad, que también celebro, aunque sin el sentido religioso. Para mí es una fiesta en la que Papá Noel me traerá lo que le haya pedido. Y sí, sé que soy mayorcita, pero qué le voy a hacer ;p.

Todos los días son fiesta en Ramadán, todos los días te sientas a la mesa con tus seres queridos tras la dura experiencia del día. A mí, que me encanta la cocina, me fascina comprobar cómo se desarrollan el sentido del olfato y el del gusto, que hace que hasta un trocito de pan te sepa a gloria. Así que, como mis orígenes son taaan variopintos -que si de padre italiano, de madre argelina y con hermanos ingleses- pensé que lo mejor para celebrar esta fiesta era preparar un dulce que no me toca de nada: la exquisita tarta americana Red Velvet Cake. El proceso fue largo y duro porque es la primera vez que la hago, pero todo sea por la repostería… y mi estómago.

¿Qué es la Red Velvet Cake? Es una tarta de chocolate cuya peculiaridad radica en el contraste de color, por dentro es roja y por fuera blanca, ya que lleva un frosting de queso (mi preferido). Ésta parece ser una asignatura obligatoria, pues en la mayoría de los blogs de repostería aparece, así que me he puesto manos a la obra para ver a qué tanta historia con la Red Velvet Cake y… me he enamorado. Sí, me he enamorado de lo jugoso que es el bizcocho y de su textura extremadamente suave. Eso sí, advierto de una cosa, como el frosting no me salió lo suficientemente consistente después cubrí la tarta con un fondant de vainilla de Funcakes que tenía. Aquí se cuenta todo :D.

Ingredientes: (todos los ingredientes utilizados son halal y kosher)
-          500 gr de harina tamizada
-          1 tsp de sal
-          30 gr de cacao en polvo (yo he usado cacao puro sin azúcar de la marca Lindt)
-          226 gr de mantequilla
-          600 gr de azúcar granulado
-          4 huevos L
-          4 tsp de esencia de vainilla (he usado la vainilla en polvo con azúcar, no la blanca sino esa oscura de Vahiné)
-          480 ml de buttermilk (abajo explico cómo se prepara)
-          4 TBS (cucharadas soperas) de colorante rojo
-          2 tsp de vinagre blanco
-          2 tsp de bicarbonato
-          2 tsp de levadura tipo Royal




Aclaraciones:

  1. Normalmente lo que se utiliza es esencia de vainilla, pero yo no la puedo usar porque es una maceración en alcohol de las vainas. Por eso lo que hago es sustituirla por polvo de vainilla. Cuando la receta lleva leche (sin vinagre) se pueden calentar vainas en ella y así obtener el sabor deseado con las semillas negras que le dan un toque de glamour al dulce en cuestión.
  2. La receta de la Red Velvet Cake es de Joy of Baking, sólo que yo la he tuneado un poco (he añadido la levadura química y el fondant de vainilla, así como la decoración que se me ha antojado).
  3. Las medidas que doy hay que dividirlas en dos. He hecho primero dos bizcochos y después otros dos para que la tarta tenga cuatro capas. En la receta original, se supone que con la mitad salen dos bizcochos que se pueden cortar por la mitad obteniendo así las cuatro capas preceptivas… quien quiera puede intentarlo, a mí no me salieron lo suficientemente altos como para cortarlos.

Buttermilk: para elaborar el buttermilk hay que diluir en 240 ml de leche una TBS de vinagre (puede ser de vino blanco, de manzana o incluso de zumo de limón). La mezcla se dejará reposar 10 minutos. Por eso no hay que hacerla hasta antes de añadirla a la masa. ¿Para qué sirve? El buttermilk es de lo mejor que hay, ayuda a que los rebozados y los bizcochos queden ligeros. Yo lo utilizo también para hacer pollo frito estilo KFC, sólo que me sale muuucho mejor. Una asignatura pendiente es un post con esta receta que me encanta.



Red Velvet Cake: 12-14 raciones

• Precalentar horno a 180º. Engrasar con mantequilla dos moldes redondos para tarta (se recomienda que sean de 23 cm de diámetro. Vamos, los moldes normales). Tras engrasar, colocaremos en la base (por debajo del molde) papel de horno y con un lápiz haremos un círculo siguiendo la línea. Repetiremos la operación para poder pegar estos círculos dentro del molde en la base previamente engrasada. Esto nos ayudará a desmoldar con mayor facilidad (lo sé, he repetido mucho ‘molde’, ‘desmoldar’ y… ‘molde’, otra vez).

• En un bowl tamizar la harina, el cacao, la sal y la levadura. Mezclar bien y apartar.

• En otro bowl -el de la batidora eléctrica o, si lo hacéis a mano, simplemente otro cuenco- batir la mantequilla hasta que se forme una pomada. Después, añadir el azúcar y batir hasta que la mezcla esté ligera y esponjosa. Echar los huevos, de uno en uno, y batir tras cada adición.  Añadir la  vainilla y mezclar hasta que se incorpore.

• En un vaso medidor añadir al buttermilk dos TBS de colorante rojo líquido o en gel. Aquí está la clave para que nos quede la clásica Red Velvet Cake, pero, claro, yo gasté toda una botellita de colorante rojo, más un tubito de esos cutres que venden el  súper, más unas gotas de colorante en gel de Americolor y éste es el rojo que he logrado. Os he puesto lo de las dos cucharadas soperas como indica la receta, pero os cuento mi experiencia.

• Tras esto deberemos añadir a la mezcla de mantequilla y huevos la harina y la leche teñida en tres adiciones, empezando y terminando por la harina. ¿Suena confuso? Hay que hacerlo así:

a) Verter un tercio de la mezcla de harina y batir
b) Verter un tercio de la leche 'colorá' y batir
c) Verter la mitad de la harina y batir
d) Verter toda de leche y batir
e) Verter lo que queda de harina y batir



• Comprobaréis que el resultado es una masa brillante bastante roja. Pues ahora viene la mejor parte, lo que yo llamo: “Quimicefa” (¿os acordáis?). En un pequeño cuenco pondremos una tsp de vinagre y añadiremos una tsp de bicarbonato (el vinagre que viene en los ingredientes no lo habíamos usado todavía, el del buttermilk no cuenta porque era para elaborarlo). Veréis que la mezcla burbujea (mi parte favorita), pues tendréis que añadirla a la masa, mezclar rápidamente y dividir la masa a ojo entre los dos moldes para meterlos en el horno…¡¡¡Ahhhhhhhh qué estrés!!!

• Bien, ya tenemos nuestros bizcochos en el horno, calentando por arriba y por abajo, y deberemos mantenerlos unos 25-30 minutos (ya sabéis, truco del palillo: seco, listos; húmedo, un poquito más). Yo coloqué cada molde en una bandeja distinta, aunque en los hornos americanos (ya sabéis que todo allí es XXL) caben los dos moldes en la misma bandeja, es más, seguro que si me pongo de cuclillas quepo hasta yo. A los 20 minutos intercambié de posición los bizcochos, por si acaso.

• Cuando ya estén hechos, los sacaremos y dejaremos reposar unos 10 minutos. Tras esto, los desmoldaremos y colocaremos sobre una rejilla (yo enfrié bien la del horno y le puse en ambos extremos dos soportes para que estuviera elevada).

• Después meteremos los bizcochos en la nevera envueltos en film transparente como mínimo unas 2 horas. ¿Por qué? Porque así nos será mucho más fácil trabajar el bizcocho y cortarlo, limarlo o lo que le queramos hacer. Por cierto,  cuando los metí a enfriar, no les quité el papel de hornear, el que tenían en la base, para que no se rompieran cuando todavía estaban a temperatura ambiente.

• Bien, ahora deberemos repetir todo el proceso para volver a hornear otros dos bizcochos que enfriaremos en la nevera. Es duro, lo sé, pero merece la pena.

 
• Tras las dos horas (yo dejé mis bizcochos 4 horas, incluso se pueden hacer semanas antes y congelarlos, porque cuanto más tiempo mejor) prepararemos el frosting de queso.


Cream Cheese Frosting:

 Ingredientes:

-          227 gr de queso crema (tipo Philadelphia) a temperatura ambiente
-          227 gr de mascarpone a temperatura ambiente
-          1 tsp vainilla
-          115 gr de azúcar glas (previamente tamizado)
-          360 ml de nata líquida 

Para decorar (opcional):

-          1 tsp de azúcar granulado
-           ½ tsp  de colorante rojo
-          1 molde para el fondant
-          2 frambuesas




• En un bowl batir el queso crema y el mascarpone hasta que estén cremosos. Añadir la vainilla y el azúcar glas y batir hasta que la mezcla sea homogénea y suave.

• Con el batidor eléctrico de varillas batir e ir incorporando poco a poco la nata líquida. Aquí se me presentó el problema. Puse todos los ingredientes con las medidas que se pedían, pero la consistencia no era la deseada, ya que el queso crema americano tiene mucha más grasa que el nuestro por lo que siempre queda con más cuerpo. Así que añadí 300gr más de azúcar glas y 360 ml más de nata líquida. La cosa mejoró algo, pero no como para que pudiera cubrir la tarta. Así que, saqué los bizcochos, serré las tapas con cuidado, quité los bordes con un cortador redondo (el de pizzas) y rellené entre capa y capa con el queso. Después cubrí la tarta con más queso y esperé unos cinco minutos para añadirle el fondant (que hay que amasar con un rulo y poner azúcar glas sobre la superficie en la que vayamos a trabajarlo para que no se pegue). Colocaremos el fondant sobre la tarta ayudándonos del rulo (enrollamos en el mismo y después lo colocamos encima del bizcocho para poder deplegarlo). Veréis que sobra un poco por los bordes, cortaremos con el cortador de pizza o con un cuchillo.

• Adornos: con lo que me sobró hice el camafeo que se ve. Teñí el fondant de rojo y coloqué la pasta en el molde. Alrededor decoré con azúcar que puse en una bolsa pequeña de plástico a la que le añadí unas gotas de colorante del mismo color, haciendo honor al nombre de la tarta ;p. Después masajeé el azúcar hasta  que quedó teñido. Se lo ví hacer a una amiga hace unos años y me pareció una buena idea que ahora he podido aplicar.



Notas:
a)      Que nadie crea que con la aclaración sobre qué es el Ramadán intento hacer proselitismo, este blog es mi vida y cuento mis citas con el dentista, mis envidias verdes y, por qué no, mi filosofía de vida. Sin más : )
b)      Mis fotos son desastrosas, pero ¿a qué no sabéis qué? No tengo solución.
c)      Estamos en crisis, así que no penséis que lo que me sobró tras serrar los bizcochos ha ido a parar al cubo de la basura, de eso nada. Las sobras están en el congelador esperando a tener más hermanas para poder hacer cake pops o los bizcolados de Sandra (la Receta de la Felicidad).
d)     Besos de azúcar


martes, 10 de julio de 2012

Banana chocolate cupcakes y mi visita al dentista


Otro post, otro capricho






 La semana pasada TUVE que ir al dentista. Repito, TUVE. No fui ni por una revisión, ni por hacerme la cool que cumple con la cita anual preceptiva. No. Fui porque había intentado hacer la vista gorda con una muela que lleva cuatro años dándome la lata. Lo cierto es que acudí a otro dentista en su momento para que me hiciera un empaste, pero en cuanto me rozaba el diente con el aparatito metálico, notaba una  descarga eléctrica que me llegaba hasta el cerebro. Tras tres anestesias la situación no mejoró y me mandó a casa con una cara que reflejaba más miedo que la mía (¿Ya no podía confiar en las anestesias? ¿y si a partir de mi visita todos los pacientes se volvían insensibles a la lidocaína?). 

Lo preocupante es que el cachivache no estaba enchufado a nada, era lo que ellos llaman “sonda periodontal”. Esa ‘cosa’ con la que raspan los dientes (qué agradable sensación) para comprobar si lo que hay son manchas o verdaderas caries.

Tras cuatro años (cosa imperdonable) he tenido que ir desesperada a otro dentista porque el dolor que sentía me había obligado a tomar paracetamol. Y eso solo significaba una cosa: problema serio. Lo ‘mejor’ ha sido que el no haber tratado el tema a tiempo ha supuesto que en lugar de un empaste me hicieran… ¡una ENDODONCIA! Sólo recordarlo duele. En honor a la verdad tengo que reconocer que este dentista me ha puesto mejores anestesias y que no se ha cortado, me ha drogado tanto como yo quería. Pincha por la cara interior de la encía, por fuera, clava la aguja en el hueso… Incluso, tras vaciarme el diente, me pinchó anestesia en el mismo nervio. Las agujas no me dan ningún miedo, me tranquilizan porque sé que anestesia buena; dolor malo. Pero tengo que reconocer que el que me clavara aquello en el mismísimo centro del dolor fue brutal. Mis gritos me asustaron incluso a mí.

El trabajo tuvo que hacerse  en dos sesiones, así que al día siguiente regresé con la boca todavía dolorida para que terminara de sacarme los nervios con unas minúsculas limas (¡qué preciosismo!) que metió en cada raíz y con las que me raspó el interior de mis dientes, aunque a mí me pareció que hurgaba en mis entrañas. Sí, mi vida es genial. Pero por lo menos ahora me siento orgullosa por haber aumentado mi umbral del dolor… Bueno, he gritado, he llorado, pero he sobrevivido. Y eso, my friends, es lo que cuenta.

Lo increíble es que a pesar de todo, en un pequeño rinconcito, mi mente imaginaba mi próxima receta: unas galletas que se me han ocurrido y que espero poder hacer.  Pero, finalmente traigo un capricho de chocolate que se me lleva antojando desde hace una semana. Doy mi palabra de que si se sigue la receta al dedillo es prácticamente imposible que no salga deliciosa. El bizcocho de chocolate y plátano es lo más jugoso y ligero que he probado (me río de las tartas de chocolate al uso y de los tan manidos brownies -no me disgustan-  que todo el mundo hace). El chocolate fudge buttercream me recuerda a aquellos helados que todos hemos comido de pequeños, esos conos que te hacían con una máquina que te hipnotizaba mientras veías caer la crema sobre un cucurucho, todo hay que decirlo, algo pálido y que sabía a papel. Si queréis podéis solo hacer los cupcakes sin más, pues están riquísimos, pero a los que como a mí les guste una bomba calórica de vez en cuando… con buttercream del bueno. La receta es de Stephanie Jaworski (Joy of baking) y es, simplemente, maravillosa.

Ingredientes para los cupcakes:
- 130 gr de harina
- 200 gr de azúcar
- 35 gr de cacao en polvo sin azúcar (yo he usado Cola Cao 0%).
- ¾ tsp (cucharada de café) de bicarbonato
- ¾ tsp de levadura química
- ¼ tsp de sal
- 1 huevo L
- 90ml de aceite sin sabor. Yo he usado de girasol (también puede ser de maíz o cualquier aceite que no tenga un sabor fuerte)
- 120 ml de agua (temperatura ambiente)
- 60 ml de leche (puede ser semidesnatada, desnatada o, como en mi caso, entera)
- 2 tsp de esencia de vainilla
- 1 plátano o banana (prefiero la segunda opción). La banana tiene que estar madura para aportar mayor dulzor 



Precalentar horno a 180º diez minutos antes de hornear.  Poner las cápsulas de papel en la bandeja para cupcakes.

Sí, habéis leído bien, nada de mantequilla y sí aceite de girasol. Esta parte era la que más me chirriaba, pero el resultado, además de ser increíble, es que los cupcakes, al no contener mantequilla, se mantienen unos cinco días en la nevera sin que el bizcocho endurezca.
Primero mezclaremos los ingredientes secos tras haberlos tamizado para evitar grumos de masa. Esto es, la harina, el azúcar, la levadura, el bicarbonato, la sal y el cacao. Seguidamente, en otro bowl, machacaremos con un tenedor el plátano. Después añadiremos el huevo L y mezclaremos a mano con varillas. Para finalizar, le pondremos la esencia de vainilla y mezclaremos bien.

Ahora toca hacer un hueco en el centro de los ingredientes secos y añadir la masa formada por el plátano, la vainilla y el huevo. Tras esto, mezclaremos bien, pero no demasiado, porque como podréis comprobar la masa es fina (no os preocupéis por los grumos del plátano). Es mejor mezclar a mano con una lengua de silicona o con una cuchara cualquiera. Tras lo cual llenaremos las cápsulas con nuestra cuchara de hacer bolas de helado o con cucharón de sopa, o incluso con un vaso medidor, e introduciremos la bandeja en el horno para tenerla a 180º arriba y abajo (160º si es con ventilador) durante 22-25 minutos. Para asegurarnos de que están listos debemos hacer la prueba del palillo: seco, listos; húmedo, les falta. Cuando terminemos de hornear, dejaremos cinco minutos en el horno, con la puerta abierta. 

Posteriormente pasaremos los cupcakes (fuera de la bandeja) a una rejilla para que enfríen por completo.

Ingredientes chocolate fudge buttercream:
- 130 gr de mantequilla (a temperatura ambiente)
- 2 tsp de esencia de vainilla
- 90 gr de chocolate negro (sin azúcar, muy importante)
- 120 gr de icing sugar (o, en su defecto, de azúcar glas) tamizado.

Tendremos que fundir el chocolate al baño maría. Es muy importante que sea sin azúcar porque si no quedará muy dulce. En el caso del buttercream no podemos reducir la cantidad de icing sugar para compensar el dulzor de otro ingrediente, porque es el icing sugar el que permite que la crema tenga cuerpo. Cuando hayamos derretido el chocolate, lo dejaremos de lado para que enfríe (¡No meter en la nevera!).

Lo siguiente es poner los dados de mantequilla en un recipiente y batir hasta que se forme una especie de crema. Tras esto añadiremos el icing sugar. Se puede usar perfectamente azúcar glas, pero es cierto que el primero está todavía más refinado y hace que el resultado sea mucho mejor.

Cuando hayamos logrado una crema dulce añadiremos el chocolate que no deberá estar caliente ni templado para no derretir la mantequilla, y mezclaremos.  Añadiremos la vainilla y batiremos de nuevo. Pararemos varias veces de batir para rascar los bordes del bowl en el que estemos mezclando. Esto se hace para que resulte un buttercream homogéneo y no nos encontremos con una cobertura de cupcakes multicolor (pegotes de amarillo-mantequilla, manchas marrón-chocolate y grumos blancos de azúcar).

Yo he decorado usando la manga pastelera con la boquilla 1M de Wilton (porque no encontraba en mis cosas la nueva boquilla 2D). Pero el resultado me ha encantado. Como toque final he puesto por encima virutas de chocolate negro alemán y  a otros les he puesto menos buttercream (porque ya no me quedaba ) y gajos de limón y naranja de gominola. El resultado genial. Besos de azúcar. 

  

Nota: por cierto, si alguien hace la receta que recomiende mi blog, es importante citar las fuentes como lo hago yo ;p.

sábado, 30 de junio de 2012

Les figues: bizcocho relleno de crème au beurre con cobertura de mazapán


No sé si al contenido de este post se le  puede llamar receta. Me explico: éste es un dulce que se hacía en la Argelia francesa hace unos cuantos años ya. El caso es que mi madre, la golosa de exquisito paladar, siempre me ha hablado de aquella época en la que en su país convivían gabachos y españoles junto con la población nativa. Sería muy extenso hablar de la situación social, política y cultural de aquella Argelia y además éste es un blog de cocina, o pseudo cocina, pero recomiendo a los curiosos un libro supremo del autor Yasmina Khadra, titulado Lo que el día debe a la noche. En algo más de cuatrocientas páginas, este argelino recorre la vida de Younes y el país desde 1930 hasta hoy. La paranoia de dos mundos que se confunden en el protagonista y cómo éste lidia contra sus fantasmas, son la mejor metáfora para sintetizar, de alguna manera, desarraigo y reconversión  para acabar en un término medio en el que pueden convivir los recuerdos con el presente.

Cuando mi madre me habla de les figues que comía de pequeña hace un gesto con las manos, los dibuja con sus dedos curvos creando una oquedad para indicarme el tamaño de los mismos. Yo, como cualquiera en mi lugar, sin haberlos probado los imagino. Imagino su color brillante y la suavidad de la pasta de almendras a la française y esos hilos de chocolate que, según me cuenta ella, simulaban las estrías propias de esta fruta. Así que un día le dije que los iba a preparar, aunque no sabía muy bien cómo. Quería un reto y qué mejor que elaborar algo que jamás has probado y de lo que no tienes receta. Sencillamente me dejé guiar por los recuerdos que tenía a mi disposición: “Bizcocho relleno de crème au beurre y recubierto de mazapán”. Pues allá voy.

Para el bizcocho preparé unos mini cupcakes de vainilla (ver mi receta de cupcakes de frambuesa). No es que esté obsesionada con estos dulces, es que no me gustan los bizcochos al uso y el cupcake es lo más parecido que puedo tolerar. La receta es para 12, aunque yo sólo he preparado 6 figues y al resto les puse en el corazón de la masa un marshmallow (las deliciosas nubes) para experimentar. Después prepararemos el relleno:
Ingredientes para la crème au beurre (Receta Albarock):
- 50ml de agua
- 120 gr de azúcar
- 50 gr de clara de huevo
- 180 gr de mantequilla


Preparación de la créme au beurre:

Ésta es una emulsión de jarabe y mantequilla, y aunque el principal ingrediente es el mismo que el del buttercream en realidad las similitudes acaban ahí. La preparación es algo más laboriosa y hace falta algo de experiencia o, si se carece de ella, mucho tino a la hora de añadir el jarabe a las claras montadas. Pero, tal y como dice Albarock en un inglés afrancesado: “If I caaan do it you caaan do it”.

En primer lugar hay que poner agua y azúcar en un cazo y calentar. 



Mientras tanto tendréis que batir las claras de huevo casi a punto de nieve (cuando hagan picos blandos) en un bowl a parte. 

   
Volviendo al jarabe, aquí viene la parte más difícil, si no se tiene un termómetro. Y es que hay que calentar hasta que alcance los 119-120º para retirar del fuego. Albarock, como sabe lo que se hace, se permite el ‘truco’ de ir metiendo la mano en el agua caliente para tocar la mezcla, si logra hacer una pequeña bolita es que está en su punto y si no… a seguir quemándose. Bien, yo no tengo termómetro, pero tampoco unos dedos como los de Albarock, y como había leído que se puede comprobar el estado del ‘mejunje’  con un tenedor, eso hice. Sólo tenéis que introducirlo y cuando al levantarlo lentamente veáis que se forman hilillos, podréis retirar del fuego.

Después habrá que dejar enfriar hasta 75º, yo lo hice calculando unos cinco minutos, para posteriormente añadir el jarabe a las claras como si estuvierais escanciando sidra, para que caiga lentamente en forma de hilo. Al terminar se añade la mantequilla, que aconsejo que la tengáis un pelín más fría que cuando está a temperatura ambiente, porque si no obtendréis una repugnante sopa amarilla al mezclar con el jarabe y los huevos (yo tuve que repetir el experimento porque la primera vez me salió la versión sopa).


Cuando esté lista la crema, sólo tenéis que cortar en horizontal los cupcakes y rellenarlos. Si queréis podéis hacer como yo y darle algo de gracia al relleno usando colorante rosa (o el color que queráis). Yo he puesto el Super red de Americolor. Aunque sé que es pecado, he añadido un poco de Nesquik de fresa para darle sabor.


Mi consejo: si os parece demasiado engorroso, por favor no os rompáis la cabeza como hice yo y rellenad de mermelada, Nutella, nata  o sin nada.

El mazapán:
No voy a dar ingredientes ni a indicar cómo se prepara, porque no he tenido tiempo para hacerlo, así que lo he comprado ya preparado (Golden Marzipan de Dr. Oetker) en el Iceland que hay en Fuengirola.

Cierto es que el mazapán inglés no está ni de lejos tan bueno, pero reconozco que me ha servido. Lo único que hice fue teñirlo con colorante en pasta verde (Party Green de Sugarflair colors), amasarlo bien sobre una superficie enharinada y después cortar cuadraditos con los que envolver los bizcochos. 


Dar la forma es mucho más fácil de lo que parece, como modelar con plastilina.
Después usé sirope de chocolate Royal para con un pincel pintar ‘malamente’ y quitarle un poco el color verde radiactivo al dulce. Las estrías las hice con un palillo chino ‘de toda la vida’.

  


Finalmente les figues. Cómo podéis ver el efecto del bizcocho relleno de crème rosa queda bastante bien.





 Ah, para decorar he pegado un par de corazones en cada uno de la marca Vahiné. Bien, espero que os haya gustado y que os animéis a hacerlo. Besos de azúcar ;p

domingo, 17 de junio de 2012

Cupcakes de frambuesa


Cupcakes de frambuesa: primer intento

Siempre me he sentido segura en la cocina. No quiero decir con esto que me considere ducha en la materia, sino que la cocina, esa habitación caliente, siempre me ha hecho sentir protegida, como probablemente debía sentirme cuando todavía me alojaba en el útero de mi madre.

Mis mejores momentos se han desarrollado en una cocina, por lo que gran parte de mis recuerdos se alojan en estas singulares habitaciones. La de mi casa, las de mis amigas, las de las amigas de mi madre. Charlas con aroma a café y sabor a dulces.  Probablemente el hecho de que las cocinas me resulten tan acogedoras tenga que ver con una en especial, la de mi abuela. Su enorme casa, con varios salones y un patio enorme siempre se ha reducido para ella a la cocina. Y que no se interprete esto mal, la casa se reducía a este espacio porque ella así lo ha querido  siempre. Yo me colaba entre mis tías y mi madre para escuchar de qué se hablaba, mientras aspiraba el olor de un tajin de membrillo, una shorba aromatizada con cilantro, un cuscús acompañado de hortalizas y cordero… Mi madre adora los perfumes y es capaz de reconocer notas de bergamota, almizcle, ámbar... con una rapidez increíble. Yo he heredado ese don, pero mis cualidades olfativas se desviaron en algún momento de mi vida y perdí el camino hacia la casa Chanel para quedarme en la cocina. Busco el olor a vainilla, azúcar y mantequilla vaya a donde vaya. Esta obsesión tiene que ver de nuevo con mi abuela y con el patio de la gran casa que se llenaba de bandejas de dulces listas para ser llevadas al horno del panadero. Sentada en algún futón en el suelo, enseñaba a las “discípulas” –primas y vecinas- que se unían para preparar delicias con las que deleitar a los invitados al evento en cuestión. Casi siempre eran bodas. Con el vestido recogido a la altura de las rodillas y con una pierna sobre la otra enseñaba a preparar rosas de mazapán con las que decorar los dulces que descansaban en el patio. Un jardín de azúcar y almendras, de brillantes rojos, rosas, amarillos... Estos recuerdos siempre me han acompañado y por eso para mí la harina, los huevos y el azúcar son algo más que ingredientes. 

Cuando comencé a leer los blogs motivo de mi envidia verde me dí cuenta de que sí hay algo que me gusta hacer, concretamente dos cosas que realmente amo y me hacen feliz: la cocina y escribir. Así que he pensado ¿por qué no? ¿Por qué no ser verdaderamente yo misma, desmelenarme y disfrutar? 

Aquí, mi primer intento de unos cupcakes. Esta repostería tan de moda e importada de Estados Unidos me parece una buena forma de comenzar a llenar el blog que espero no sea demasiado tedioso. Y si lo es, siempre podéis abandonarlo ;p. La receta es de una página  que os recomiendo, Objetivo Cupcake perfecto, de Alma (http://www.objetivocupcake.com/2011/02/receta-de-vainilla-infalible-y-un.html). Yo he utilizado la receta para preparar unos cupcakes grandes cubiertos con buttercream aromatizado con frambuesa. Pero que conste que no hace falta usar aromas artificiales, es más, si tenéis fruta fresca como fresas, frambuesas, plátano o lo que se os antoje, mejor que mejor.


 
Ingredientes para los cupcakes:
-         100 gr. de harina
-         1 cucharadita de levadura química
-         100 gr. de azúcar
-         100 gr. de mantequilla
-         2 huevo medianos
-         2 cucharadas de leche
-         2 cucharaditas de extracto de vainilla (o al gusto)

Ingredientes para el buttercream:
-         250 gr. de azúcar sin sal a temperatura ambiente (importante dejar que la mantequilla se caliente de forma natural, por nada del mundo ponerla en el microondas o al baño maría. Para acelerar el proceso aconsejo cortarla en daditos)
-         450 gr. de azúcar glas (si se quiere se puede poner un poco menos, pero no mucho, pues es el azúcar glas el que da consistencia al buttercream, o lo que es lo mismo, el que le da cuerpo)
-         1 cucharadita de extracto de vainilla
-         2 cucharaditas de extracto de frambuesa (o la fruta que prefiráis)
-         Una pizca de sal

Elaboración de los cupcakes:

Es imprescindible antes de empezar poner algo de música, algo que os guste. Yo para el inicio de mi aventura cocinero-bloguera he decidido abrir con una canción que me llena de positividad, se trata de Ease on down the road. Una canción de la primera película, musical, de Michael Jackson: The Wiz. Es del año 1978 y compartía cartel con Diana Ross, Nipsey Russel y Ted Ross, entre otros. Motivos: amo a Michael Jackson, como sabréis los que me concéis, y además creo que el estribillo puede ser un buen motor para impulsarme en esto: "Ease on down the road, don't you carry nothing that might be a load" o lo que es lo mismo ", hay que atreverse a tomar el camino sin miedo (en el caso de la película, el de las baldosas amarillas hacia Oz) y a no cargar con ningún peso que pueda importunarnos. Y eso quiero con este blog, ir ligera de equipaje para disfrutar :)

 

Precalentar el horno a 180º, si tenéis ventilador a 160º, diez minutos antes de que introduzcáis los cupcakes.

Preparar las cápsulas de los cupcakes en la bandeja (bandejas para cupcakes).

Comenzaremos por batir la mantequilla con  el azúcar (normal, el granulado) hasta que la mezcla esté cremosa y adquiera un color blanquecino. Tras esto, añadiremos los dos huevos M uno por uno, es decir, añadimos un huevo y después batimos bien, para añadir el otro y volver a batir. Posteriormente incorporaremos la harina, con la levadura –previamente tamizadas para evitar los molestos grumos que se pueden formar en la masa- y a continuación la leche a la que habremos añadido la vainilla. Cuando lo hayamos batido todo bien, colocaremos la masa en los papelitos o cápsulas y hornearemos durante entre 20 y 25 minutos. Para saber que los cupcakes están listos tendréis que introducir un palillo de dientes en el centro de uno de ellos y si sale limpio es que ya están.

Nota: es muy importante que no hagáis la operación del palillo antes de que hayan pasado unos dieciocho minutos porque si no podrán desinflarse los dulces y adoptarán una forma un poco “raruna”.

Cuando ya estén listos, los dejaremos reposar en el horno durante cinco minutos y no más. Después los sacaremos y los colocaremos sobre una rejilla para que se enfríen. Yo por ejemplo no tengo rejilla, así que los dejo en la mesa de la cocina sobre la rejilla que trae mi horno. Hay que dejar que enfríen bien porque no podremos cubrir con buttercream si están templados o se derretirá la cobertura y nos quedarán unos churros de cuidado :D.


Para preparar el buttecream:

Poner en un bol la mantequilla cortada en dados, el azúcar glas y batir. En este momento hay que tener un poco de cuidado porque el azúcar glas formará una nube y os sentiréis en Laponia, pero no os asustéis, sólo es el primer momento. Cuando la mezcla esté cremosa, añadid la leche con el aroma y seguid batiendo. Finalmente poned la pizca de sal. Cuando ya esté listo tenéis dos opciones:
a)     Colocar en una manga pastelera
b)  Si no tenéis manga pastelera podéis untar el buttercream con una paleta o, en su defecto, con un cuchillo para mantequilla

Yo he usado una manga pastelera de las desechables porque son muy cómodas con una boquilla de la marca Wilton 1M. Es una boquilla muy recomendable porque logra que inexpertas como yo consigan un buttercream con una forma tan respetable como la que se ve en las fotos. Para ello tenéis que comenzar poniendo la boquilla en el centro del cupcake y desde allí formar una espiral hacia afuera. También he espolvoreado brillantina color lavanda de Squires Kitchen, concretamente Fairy Magic Sparkles y unas perlas de azúcar rosa nacar de Edible Decorations.

Los que lo hagáis con cuchillo, untad como os plazca, que para eso es vuestra pequeña creación y lo importante es comeeeeeeer.

Por último, pedir disculpas por la mala calidad de las fotos y porque no he puesto imágenes de todo el proceso, pero lo cierto es que estas fotos ya las tenía y no sabía que iba a subirlas al blog. Así que, prometo ser más aplicada. Gracias por leerme y besos de azúcar.


jueves, 14 de junio de 2012

El día 1: un mal día para empezar

Mi cara B

Odio a la gente que cuando hace algo te dice “Si lo hago, lo hago perfecto o no lo hago” Ese tipo de personas a las que, y perdonadme por ser demasiado “sincera”, a simple vista no consideras especialmente inteligentes, ni brillantes, sino más bien personas anodinas que te sorprenden cuando descubres que tienen un don, nada menos, para la escritura, el bricolaje o, como ahora se ha puesto tan de moda, la repostería. Resulta que la mitad de la faz de la tierra sabe usar el horno, pero no para ‘echar’ dentro una carne con unas verduras hoscamente cortadas, sino que lo que tienen en sus cocinas es una mini cueva de Aladino, de la que siempre acaban sacando tesoros dulces o salados. Para más inri, hacen unas fotografías para subir a sus respectivos blogs que ni el National Geographic. ¿Why? ¿Es mi imaginación o desde que todos estamos interconectados por esa cosa que al principio llamaban la red de redes, parece  que el resto de nuestros congéneres, salvo una misma, son cuasi perfectos en algo, lo que sea? A mí, y vuelvo a pedir disculpas, no me dan para nada ganas de dejar un comentario en el blog del tipo: “Eres maravilloso, me encantan las fotos ;p”; o “Ains (no sé por qué ahora todo el mundo suspira con este monosílabo) qué envidia me das, envidia sana claro… Ojalá pudiera ser como tú”. Pues no, a mí no me da envidia sana, la verdad, me da de la otra, de la mala, mala. De la que sabes que si fuera de algún color sería verde, verde veneno. De esa que si escupes en la pared sabes que harás un agujero por el efecto del ácido venenoso esputado. Sí, esputado, una palabra fea, pero no puedo usar escupitajo, porque ya he dicho antes escupir y a eso se le llama repetición.
A veces me he levantado por la mañana y me he dicho a mí misma, en plan profundo, “Quiero cambiar de vida, creo que voy a montar algo por mi cuenta”. Entonces es cuando empieza mi obsesión por ir buscando en la red información, ya sean blogs, libros o noticias varias, sobre la repostería/cocina. Y ahí llega el problema, una quiere hacer algo que no se haya hecho hasta entonces, pero en cuanto entro en alguna de estas páginas tan personales y tan monas de amas de casa o mujeres profesionales que durante una baja por maternidad han revolucionado el mundo de la repostería, me deprimo. Me convierto en un soufflé mal hecho, me deshincho, voy bajando y bajando poco a poco de mi levitación hasta que toco el suelo y continuo dándole a mi ordenador para seguir escribiendo sobre la investigación con la que esté liada en ese momento. Otra oportunidad que se me escapa como un globo de helio. La veo alejarse, pero no siento, tan entumecida estoy por mi dolor de ver que los demás ya lo han inventado todo. ¿O no?